Enrique Ruiz Castro
Coatepec
Lo que antes fue una celebración con pompa y lujo, acompañada de políticos y empresarios cargados de costosos regalos financiados con recursos públicos, hoy se reduce a una foto y un pastel en soledad para Eric Cisneros Burgos, exsecretario de Gobierno de Veracruz.
Durante años, Cisneros fue un personaje central en la política veracruzana, disfrutando de la atención y los beneficios que genera estar en la cima del poder. No solo contaba con el respaldo del gobernador y su gabinete, sino que también era cortejado por empresarios y políticos locales que, sin reparo, le entregaban regalos y favores, muchos de ellos con dinero del erario público.
Sin embargo, tras su salida del cargo y su fallido intento de posicionarse como aspirante a la gubernatura, su presencia en la esfera pública ha disminuido significativamente, y el declive de su influencia política, el exfuncionario parece haber quedado relegado, olvidado por aquellos mismos que antes competían por su favor. La celebración de su cumpleaños en la más absoluta soledad refleja no solo su caída, sino la efímera lealtad de un círculo político acostumbrado a la conveniencia y al oportunismo.
Esta situación pone en evidencia la cultura política que prevalece en Veracruz, donde las alianzas se forman y se rompen según intereses personales, y donde los recursos públicos se usan para mantener apariencias y comprar voluntades, sin importar el costo ético ni social.
Ahora, quienes antes se disputaban su atención y le llenaban las manos de regalos, evitan incluso aparecer junto a él en público. Lo que queda es la imagen de un político que, en medio de la soledad, quizá empieza a entender que el poder basado en clientelas y favores temporales no dura para siempre



