Entre incertidumbre y libre comercio: el precio del azúcar y la preocupación cañera rumbo a la zafra 2025-2026

Alejandro Narváez Ibarra.

Cuenca del Papaloapan.

La industria azucarera mexicana se encuentra en una encrucijada. Mientras los mercados internacionales delinean un panorama de precios volátiles para el azúcar rumbo a la zafra 2025-2026, al interior del país crece la incertidumbre entre los productores cañeros, quienes expresan su preocupación por la falta de claridad sobre el precio de la caña que se les pagará en el próximo ciclo. A este escenario se suma el contexto geopolítico y comercial, particularmente la indefinición sobre la renovación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que podría reconfigurar completamente las reglas del juego para la agroindustria nacional.

El azúcar, como materia prima estratégica, está sujeta a cotizaciones internacionales que se determinan principalmente en los mercados de futuros. En la Bolsa ICE de Nueva York se negocia el contrato N.º 11, que marca el precio global del azúcar crudo, mientras que la LIFFE de Londres regula el contrato N.º 5 para azúcar refinado. Estos mercados funcionan como referencia para fijar precios a futuro y ofrecer cierta protección frente a la volatilidad. Para el periodo marzo-julio de 2026, los contratos se están negociando en un rango estimado de entre 19.5 y 22.8 centavos de dólar por libra, dependiendo de variables climáticas, políticas agrícolas y expectativas de producción en países clave como Brasil, India y Tailandia.

Sin embargo, más allá de los números del mercado internacional, la preocupación en el campo mexicano es concreta. Organizaciones cañeras en distintas regiones del país advierten que aún no existe una definición clara sobre cómo se establecerá el precio nacional de la caña en la próxima zafra, lo que genera una situación de incertidumbre para miles de familias que dependen de esta actividad. Al no haber transparencia sobre los mecanismos de ajuste del precio conforme al comportamiento del mercado internacional, los productores sienten que están a merced de factores fuera de su control.

Esta inquietud se ve agravada por la falta de certeza en el rumbo del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Una eventual modificación, aplazamiento o cancelación del acuerdo podría impactar directamente el acceso preferencial de la azúcar mexicana al mercado estadounidense, lo que a su vez afectaría la rentabilidad de los ingenios y el valor de la caña. Voces del sector agroindustrial han comenzado a alertar sobre este escenario, solicitando al Gobierno Federal garantizar una política de defensa comercial que proteja los intereses de los pequeños y medianos productores ante una renegociación desfavorable.

El panorama, por tanto, exige una estrategia integral: por un lado, mayor articulación entre los mercados internacionales y los esquemas nacionales de fijación de precios; y por otro, una posición firme del Estado mexicano en las mesas de negociación comercial. Lo que está en juego no es sólo el valor de una tonelada de caña, sino el futuro de una cadena productiva que representa empleo, soberanía alimentaria y arraigo social en vastas regiones del país.